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Durante el crudo invierno del año 1.901, el Padre Carlos Ferris, de la Compañía de Jesús, predica una misión, a escasos kilómetros del valle de Fontilles. Don Joaquín Ballester, patriarca de aquel poblado, invita a su casa a aquel misionero, le cuenta la historia de un leproso desamparado que habita solitario en una casa y a quien nadie ayuda o auxilia en su desgracia. Sus palabras producen honda impresión en el corazón del padre Ferris. Hablan de la necesidad de poner fin a tan grave mal y, al amparo de una misión al Corazón Divino, nace para la historia la idea de un albergue para leprosos. Las primeras diligencias comienzan tras veinticuatro horas. La idea de esta obra es un acierto. La Compañía de Jesús aprueba el proyecto y el padre Ferris pone en marcha toda la maquinaria para hacer realidad su sueño. El antiguo Reino de Valencia le ve cruzar sus provincias en busca de un lugar adecuado para el Sanatorio. Tuvo que luchar contra cielo y tierra debido a las grandes desavenencias que provocaba la enfermedad entre las gentes y el desconocimiento general de la misma, todos la temían. Tras no pocos problemas y avatares, la obra se lleva a cabo y Su Majestad el Rey autoriza su apertura el día 17 de Enero de 1.909. Ocho enfermos inauguran las instalaciones de la “Colonia-Sanatorio San Francisco de Borja para leprosos” El padre Ferris ha logrado culminar su obra. Sus restos reposan
ahora en Fontilles. Sobre su tumba reciben los leprosos la Sagrada Comunión.
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